La Reforma en Martín Lutero

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¿Quién fue Martín Lutero?

Martín Lutero fue el padre de la Reforma protestante y sus logros como pastor, erudito, teólogo y cristiano fueron monumentales, y han influido profundamente sobre la Iglesia hasta el día de hoy1. El impacto del pensamiento de Lutero fue tal que hizo florecer la tercera rama de la teología junto con la teología católica y oriental ortodoxa. Además de eso, impactó el mundo social, económico, y político de futuras generaciones en todas las esferas en las que la iglesia puede estar involucrada2.

Lutero nació el 10 de noviembre de 1483 en una familia de clase media en Eisleben, región de Sajonia (parte oriental de Alemania)3. Sus padres (Hans y Margarethe) eran personas piadosas que dieron a Lutero una crianza de rectitud y temor. Sin embargo, la niñez del pequeño Martín no fue tan feliz debido a la extrema severidad de sus padres4.

“Lutero, aun sin cuestionar jamás las buenas intenciones de sus padres, sí criticó los castigos que le aplicaban. Su madre, cierta vez, le hizo salir sangre al golpearlo con una vara por robar una nuez. En otra ocasión la disciplina de su padre fue tan intensa que el niño necesitó bastante tiempo, insistencia y numerosas disculpas para volver a mostrarse amistoso con él"5.

 Aunque Lutero deseaba ingresar a un monasterio para “buscar a Dios”,6 su padre anhelaba que fuera abogado, por lo que cursó su Bachillerato y Maestría en Artes (1501-1505) en la Universidad de Erfurt. Posteriormente, ingresó a la facultad de Leyes7. Sin embargo, durante sus estudios de derecho, su carrera tuvo un bruto final el 2 de Julio de 1505 cuando se vio atrapado en una tormenta eléctrica. Temiendo perder su vida, gritó: “Santa Ana, me voy a hacer monje”8.

En la Edad Media, las tormentas eléctricas eran una señal del juicio divino. La superstición de su tiempo era tal que, aunque Lutero mirara a la izquierda o derecha con la intención de huir de la tormenta, había duendes, hadas, espíritus y brujas que lo espiaban. Creía que la región donde habitaba eran habitadas por demonios. Aunque los demonios, por lo general, eran culpados de muchas cosas en esa época, el joven Lutero sentía que era Dios quien estaba usando la tormenta eléctrica para juzgarlo9.

“Podemos imaginar que atravesar el bosque esa noche fue la experiencia más espantosa de su vida. Estaba aterrado, con el corazón que se le salía del pecho. Al acercarse al claro recordó la muerte de un amigo que había caído bajo un juicio similar cuando un rayo lo mató. La escena era bien conocida para él. No tuvo dudas de que su hora había llegado. Apenas comenzó a atravesar el claro, cuando un rayo cayó tan cerca de donde él andaba, que Martín cayó al suelo. En una súplica desesperada por su vida, clamó a la única ayuda que conocía: ¡Santa Ana, si me ayudas, me haré monje!10

El tema de la salvación y la condenación llenaba todo el ambiente de la época. De hecho, la razón última que llevó a Lutero a tomar el hábito sacerdotal fue el interés en su propia salvación.

Peregrinación espiritual

El tormento de Lutero

Luego de que Lutero haya hecho sus votos, sus superiores lo escogieron para que fuese sacerdote11. Sin embargo, en su primera misa, Lutero fue nuevamente atrapado por el temor en el momento de la eucaristía; que era la ceremonia de la transustanciación [la parte de la misa católica en la que el pan y el vino se convierten verdaderamente en el cuerpo y la sangre de Jesús]12. Según él mismo cuenta, la ocasión de la celebración de su primera misa fue una experiencia sobrecogedora, pues el terror de Dios se apoderó de él al pensar que estaba ofreciendo nada menos que a Jesucristo mismo. El pánico fue tal que pensó si todo aquello que estaba haciendo era suficiente para su propia salvación. Dios le parecía ser un juez severo, quien le pediría cuentas en el juicio y, para no hallarse falto, era necesario hacer todo lo posible y acudir a todos los recursos de la iglesia para ser salvarse13.

Debido al corazón profundamente religioso y apasionado, los recursos tradicionales de la iglesia no le eran suficientes para sentirse seguro de su salvación. Después de todo, se suponía que las buenas obras y la confesión fueran la respuesta a la necesidad que el joven monje tenía de justificarse ante Dios. Pero ni lo uno ni lo otro le bastaba. Lutero tenía un sentimiento muy hondo de su corrupción pecaminosa y mientras más procuraba vencer dicha corrupción, más se percataba de que el pecado era mucho más fuerte que él11. Solo le restaba el justo juicio de Dios.

Su consejero espiritual, al ver el estado de su vida, le recomendó leer las obras de los “místicos”. Los místicos decían que bastaba con mar a Dios y que todo lo demás era consecuencia de ese amor. Lutero fue cautivado por esta filosofía por un poco de tiempo, pues observó un camino bastante coherente para su liberación. Sin embargo, no tardó en darse cuenta de que amar a Dios no era algo tan fácil. De hecho, si Dios era como sus padres y maestros que lo habían golpeado hasta sacarle sangre, ¿cómo podía amarle?11. Lutero terminó por burlarse de la idea de simplemente amar a Dios. La imagen que veía de Dios y Jesús estaba distorsionada, porque un Dios airado dispuesto a juzgar al hombre no es compatible con el hombre pecador14. A la postre, llegó a confesar que no amaba a Dios, sino que más bien sentía odiarlo:11

¿No es contra toda razón natural que Dios, por su propio capricho, abandone al hombre, lo endurezca, lo condene, como si se deleitara en los pecados y en tales tormentos de los condenados por la eternidad? ¿Aquel de quien se dice que es toda misericordia y bondad? Esto parece inicuo, cruel e intolerable en Dios, por lo cual muchos se han sentido ofendidos en todas las épocas. ¿Y quién no lo estaría? Yo mismo, más de una vez, me sentí llevado al abismo de la desesperación, de tal manera que deseaba no haber sido creado jamás. ¿Amar a Dios? ¡Yo lo odiaba!

Martín Lutero

Lutero se había dado cuenta de que su mayor pecado trataba de su odio a Dios. Odiaba que Dios juzgara al hombre. Odiaba que nunca pudiera llegar a la medida que Él exigía. Odiaba que Dios entregara a los hombres en manos de los demonios para ser arrastrados al infierno, después de que estos se habían esforzado tanto por complacer a su Creador. Incluso, a Lutero le parecía imposible amar a Dios11.

Un leve consuelo en los salmos

Aunque muchas veces se ha dicho entre los protestantes que Lutero creía todo esto debido a su desconocimiento de la Biblia y que no fue sino hasta el momento de su conversión, o poco antes, que él empezó a estudiarla; esto simplemente no es verdad. Por el contrario, siendo monje, debía recitar las horas canónicas de oración, por lo que Lutero conocía el Salterio de memoria. Además, obtuvo su doctorado en 1512, y para ello tuvo que haber estudiado las Escrituras15. Entonces, ¿a qué se debió el impactante cambio de Lutero?

Es verdad que el cambio de Lutero está íntimamente relacionado con la revelación bíblica, y tal impacto tuvo una transición bastante significativa. Como se ha dicho, pareciera que ya no había esperanzas para el atormentado fraile. El entonces profesor y superior suyo Johann V. Staupitz, deseando aliviarlo, dejó su puesto en la Universidad de Wittenberg y se lo ofreció a Lutero. Sin embargo, a él le pareció absurdo debido al estado mental y espiritual en el que se encontraba; pues, según le parecía, él no era más que un inepto, indocto y, peor aun, indigno. Aun así, como es bien sabido, obtuvo su doctorado en 1512 a los veintinueve años. Staupitz quizás pensaba que si Lutero estudiaba las escrituras, encontraría respuestas14.

Ciertas veces Lutero se vio obligado a preparar conferencias acerca de la Biblia y, a mediados de 1513, empezó a dar clases sobre el libro de los Salmos13. A partir de allí, y luego de un largo tiempo de estar atormentado, el monje empezó a ser iluminado para encontrar respuestas a sus angustias. Lo que caracterizó a Lutero fue su enfática lectura bíblica, algo que no era muy común en otros clérigos que tenían el mismo acceso bíblico que él. Fue así que en 1513 Lutero comenzó a estudiar el libro de Salmos y desde allí inicia el camino de revelación que lo llevaría a la más placentera libertad.

El Salmo 22 rompió el cerrojo de la puerta que lo encerraba16. El texto que lo impactó dice:

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?
¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor?
Dios mío, clamo de día, y no respondes;
Y de noche, y no hay para mí reposo. (Salmos 22:1-2)

¿Por qué el Salmo 22 tuvo semejante impacto en él? Lutero interpretaba los Salmos Cristológicamente. Es decir, en ellos es Cristo quien habla y, en este caso, fue Cristo quien clamaba. Allí vio a Cristo pasando por angustias semejantes a las que él pasaba15. Jesús, al igual que Lutero, se había sentido abandonad y apartado por Dios. Es así que, en las angustias de Jesús, Lutero empezó a hallar consuelo para las suyas. Incluso, la imagen que tenía de un Jesús sin misericordia, sentado sobre la humanidad, a la que condenaba al infierno, comenzó a cambiar por el significado de su Cruz.

Aunque este fue un gran paso para Lutero, sin embargo, él había llegado sencillamente a la piedad popular tan común, el cual concibe al Dios Padre sediento de justicia, mientras que es el Hijo quien perdona al hombre11. Lutero seguía teniendo problemas con la imagen de un Dios justo que demandaba justicia a hombres que no podían alcanzarla. Aunque era testigo de un leve amor y empatía de Dios en Salmos, la idea de la “justicia de Dios” todavía lo hacía temblar17. Pero esto no quedaría allí, sino que progresivamente, y de alguna manera reveladora, podía ver el corazón de Dios. Un Dios que, de alguna manera, reveló compasión al poner a Cristo en la Cruz. ¡Este fue el gran principio de su descubrimiento!18. ¿Qué vendría después?

Lutero en el paraíso

Solo cuando Lutero profundizó las epístolas paulinas es que comenzó a comprender el verdadero significado de la justicia y de la justicia misma de Dios11. Su gran descubrimiento vino probablemente en 1515, cuando el monje alemán empezó a dar conferencias sobre la Epístola a los Romanos, pues él mismo dijo después que fue en el primer capítulo de esa epístola donde encontró la respuesta a sus dificultades, aunque esto no llegó fácilmente.

Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego.
Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá. (Romanos 1:16-17)

Según el texto que contempló Lutero en el capítulo uno de Romanos, el evangelio revela “la justicia de Dios”, pero era precisamente la justicia de Dios lo que Lutero no podía tolerar. Según cuenta Lutero, él odiaba la frase “justicia de Dios”. Y estuvo meditando de día y de noche para comprender la frase “en el evangelio la justicia de Dios se revela” y ponerlo en armonía con lo dicho posteriormente: “el justo por la fe vivirá15.

Cunado leía el texto de Romanos 5:1; donde se lee que los justos eran justificados por la fe, no podía evitar ponerse furioso, pues no podía entenderlo. Debido a su desesperación, investigó el texto griego para encontrar el significado de “justicia”. La justicia era definida como estricto cumplimiento de la ley y una sentencia pronunciada, como él siempre había pensado. ¡Esto no era nada esperanzador! Pero fue la definición griega de “justificación” la que lo hizo libre para siempre, pues la justificación es algo distinto a la justicia. La justificación hablaba de un proceso que se produce mientras la sentencia queda suspendida. Era un proceso por medio del cual el hombre puede ser reclamado por Dios y regenerado19.

La respuesta hallada por Lutero fue sorprendente, pues la “justicia de Dios” no se refiere aquí, como lo sostenía la teología tradicional conocida, al hecho de que Dios castigue a los pecadores. Sino que se refiere, más bien, a que la “justicia” del justo no era obra suya, sino que es un don de Dios para quien tiene fe20. ¡Lutero al fin podía verlo! Dios no estaba tratando de condenar, sino de regenerar a la humanidad y de darle al hombre una nueva oportunidad en la vida. Pero, más que nada, Lutero vio que ni siquiera este proceso de regeneración o expectativa de regeneración era lo que justificaba al hombre delante de Dios, sino que era su fe. La fe es un don, y por la fe, el hombre es justificado ante Dios. De manera que, el simple hecho de creer en la obra redentora de Jesús ponía la justicia de suya al alcance de las personas. A través de Jesús, el hombre estaba en buena relación con Dios. ¡Dios era amigo de toda la humanidad!21.

“Finalmente, meditando de día y noche, y por la misericordia de Dios, yo (…) comencé a comprender que los justos viven por don de Dios, es decir, por fe (…). Entonces sentí como si hubiera nacido enteramente de nuevo y hubiera entrado al paraíso por puertas que habían sido abiertas de par en par.”11

La conexión de estas ideas sobre la “justicia de Dios” y el pasaje el justo por la fe vivirá” (Rm. 1:17) creó una nueva teología, pero no sucedió de la noche a la mañana. La revelación del evangelio en el tiempo de Lutero fue cobrando fuerza a lo largo de cuatro años de estudio y meditación11.

Notas:

  1. Woodbridge, J. D. (1998). Grandes Líderes de la Iglesia. Miami, Flórida: Vida. pág. 187[]
  2. AETH . (2004). Diccionario Ilustrado de Intérpretes de la Fe: Veinte siglos de pensamiento. (J. L. Gonzáles, C. F. Cardoza-Orlandi, I. García, Z. Madonado Pérez, L. G. Pedroja, L. Rivera Rodríguez, & J. Rodriguez, Edits.) Barcelona, España: Clie., pág. 303[]
  3. Woodbridge, 1998, pág. 187[]
  4. Gonzáles, J. L. (1994). Historia del Cristianismo: Desde la era de la reforma hasta la era inconclusa. Miami, Florida, EE.UU.: Unilit., pág. 35[]
  5. Llardon, R. (2005). Los Generales de Dios II: Los apasionados Reformadores. Buenos Aires, Argentina: Peniel. pág. 121[]
  6. Woodbridge, 1998, pág. 188[]
  7. Diccionario Ilustrado de Intérpretes de la Fe: Veinte siglos de pensamiento , 2004, pág. 303[]
  8. Woodbridge, 1998, pág. 188.[]
  9. Llardon, 2005, pág. 123[]
  10. Ibíd., pág. 122-123[]
  11. Ibíd.[][][][][][][][][]
  12. Llardon, 2005, pág. 128[]
  13. Gonzáles, 1994, pág. 36[][]
  14. Llardon, 2005, pág. 135[][]
  15. Gonzáles, 1994, pág. 37[][][]
  16. Llardon, 2005, págs. 135-136[]
  17. Woodbridge, 1998, pág. 136[]
  18. Llardon, 2005, pág. 136[]
  19. Llardon, 2005, pág. 136-137[]
  20. Gonzáles, 1994, pág. 38[]
  21. Llardon, 2005, pág. 137[]
Director general del Ministerio G&V. Formado en teología y apologética, es escritor de temas relacionados a su enfoque ministerial. Además de servir en su iglesia local, se desempeña como conferencista y profesor de apologética asociado a «Fe Razonable» del Dr. Willian Lane Craig.

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