Descubriendo mi corazón

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"En el agua se refleja el rostro, y en el corazón se refleja la persona" (Proverbios 27:19)

La Biblia enseña que el corazón es el interior de una persona. Proverbios 4:23 recomienda: “…con toda diligencia guarda tu corazón, porque de él brotan los manantiales de la vida”. Esto quiere decir que en el corazón está la vida del ser humano, y este es el aspecto de toda su existencia. En la Biblia hay alrededor de 750 referencias sobre el corazón, y generalmente arguye que el corazón piensa, medita, percibe, discierne, instruye, reflexiona, encubre, planea, pondera, argumenta y sopesa.

Comúnmente, entendemos que la mente está dividida del corazón; que con la mente se piensa y que con el corazón se siente, pero la Biblia no enseña eso. En realidad, la mente forma parte del corazón porque, como hemos dicho, el corazón es todo lo que somos por dentro. Es nuestro ser interior. El corazón es el que gobierna todas las actividades del ser humano.

Además de la recomendación de Proverbios 4:23, la Biblia también nos advierte que “Nada hay tan engañoso como el corazón” (Jer. 17:9). Debido a esto, no debemos pensar que la lucha contra nuestras debilidades han cesado una vez que nacemos de nuevo. En realidad, ¡es donde recién empieza!

Todas las situaciones nos encuentran en una condición, y esa condición delata en cómo se encuentra nuestro corazón. De hecho, las reacciones que tenemos frente a las circunstancias lo afirman. El temor, la ansiedad, el pánico, la preocupación, el enojo, la envidia, y la amargura son solo algunas de las múltiples emociones y sentimientos que podemos citar como actividades en nuestro corazón. Algunos, por ejemplo, lo revelan estando de mal humor la mayor parte del día, están enojados por no poder tener el control de las cosas; otros lo demuestran haciendo negación de los acontecimientos y no tomando las medidas adecuadas con respecto a esa situación; otros podrían estar entrando en un pánico que no les permite ser coherentes en momentos de presión. Y así, cada uno reacciona conforme a la condición de su corazón.

Y ¿cómo reaccionas ante los tiempos difíciles? ¿Cómo afecta a tu corazón las circunstancias? ¿Reaccionas con temor, ansiedad y desanimo por no poder tener el control?

Jesús dijo en Mateo 6:21 “…donde esté tu tesoro, allí estarán también los deseos de tu corazón” . La siguiente historia nos ayudará a comprender mejor lo que el Señor quiso decir:

Un día un campesino pidió a Dios le permitiera mandar sobre la Naturaleza para que, según él, le rindieran mejor sus cosechas. ¡Y Dios se lo concedió! Entonces, cuando el campesino quería lluvia ligera, así sucedía; cuando pedía sol, éste brillaba en su esplendor; si necesitaba más agua, llovía más regularmente; etc. Pero cuando llegó el tiempo de la cosecha, su sorpresa fue grande, pues resultó un total fracaso. Desconcertado y medio molesto le preguntó a Dios por qué de esto, ya que él había puesto los climas que creyó convenientes. Pero Dios le contestó: “Tú pediste lo que quisiste, más no lo que de verdad convenía. Nunca pediste tormentas, y éstas son muy necesarias para limpiar la siembra, ahuyentar aves y animales que la consuman, y purificarla de plagas que la destruyan”. (Anónimo)

Sin dudas, una respuesta inesperada ante la pretensión del corazón de ese campesino que deseaba que las circunstancias fueran como él creía que debían ser, demostrando un corazón caprichoso y orgulloso que no confiaba en Dios.

¿Qué contamina al ser humano?

"Jesús llamó a la multitud y dijo: Escuchen y entiendan. Lo que contamina a una persona no es lo que entra en la boca, sino lo que sale de ella.
Explícanos la comparación —le pidió Pedro. ¿También ustedes son todavía tan torpes? —les dijo Jesús—. ¿No se dan cuenta de que todo lo que entra en la boca va al estómago y después se echa en la letrina? Pero lo que sale de la boca viene del corazón y contamina a la persona. Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, la inmoralidad sexual, los robos, los falsos testimonios y las calumnias. (Mateo 15:10-11, 15-19)

En Mateo 15 el Señor reflexiona con sus discípulos acerca de lo que realmente contamina al ser humano. Los fariseos, por su parte, creían que haciendo ciertas reglas externas ellos tendrían una buena condición interior (el corazón), pero Jesús desmiente aquello contando la verdad acerca de lo que verdaderamente destruye el alma. ¡Él quería que entiendan que lo que estaba en su interior era lo que les contaminaba!

Quizás podríamos preguntarnos: ¿Estoy ocupándome diariamente en limpiar mi corazón de actitudes que están destruyendo mi alma? ¿Estoy dejando que Dios pueda trabajar en mis temores e inseguridades? ¿Estoy luchando contra el enojo, la ira, el mal humor y la amargura? ¿Estoy optando por tener fe en medio de tanta inestabilidad?

Muchas veces tenemos más miedo al sufrimiento que a nuestro propio corazón; un corazón que tiene actitudes que matan relaciones con nuestros seres queridos. Incluso, un corazón que nos impide reconocer nuestros pecados delante de Dios; creyendo que estamos bien cuando en realidad es todo lo contrario. Estamos llenos de orgullo, egoísmo, impaciencia, intolerancia, desamor,  mezquindad, amargura y muchas otras actitudes que contaminan no solo nuestro interior, sino también el de nuestro prójimo. En algún momento, las circunstancias por las que estamos pasando podrían mejorar, pero si resistimos a Dios que desea formar nuestro carácter, seguiremos teniendo el mismo corazón; con las mismas actitudes que destruyen todo lo demás.

Dios desea darnos un nuevo corazón…

En un tiempo de mucha vacilación, Dios nos llama a entregarle nuestro corazón y dejar que Él sea el único Señor de todo nuestro ser. El mandamiento más importante es éste: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón” (Mt. 22:37). Al de darle el control de todo, habrá oportunidad de no cometer el mismo error del campesino que pensaba tener una mejor manera de llevar las cosas. Hoy es el tiempo que Cristo te está llamando a arrepentirte de la contaminación de tu interior (Ef. 4:22, 31; Col 3:8; Heb 3:13; Sant. 1:21; 1 Ped 2:1), y así poder amar con todo el corazón al único que merece toda nuestra adoración.

En tiempos de mucha incertidumbre es donde tenemos la oportunidad de dejar que nuestro carácter madure pensando en lo que Dios nos alienta en su Palabra. Jesús dijo: “Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso”. (Mt. 11:28). Acércate al Buen Pastor, que siempre usa todo para el bien de sus hijos. Él es bueno en todo momento.

"Les daré un nuevo corazón, y les infundiré un espíritu nuevo; les quitaré ese corazón de piedra que ahora tienen, y les pondré un corazón de carne. Infundiré mi Espíritu en ustedes, y haré que sigan mis preceptos y obedezcan mis leyes." (Ezequiel 36:26-27)
Redactora y expositora del Ministerio G&V para Mujeres en Verdad. Posee formación en teología y consejería. Casada con el pastor Federico Almada, con quien es madre de dos niños, mentora de líderes y consejera de mujeres en su iglesia local.

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