Dios se ha revelado de forma Escrita

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En el capítulo anterior de nuestra serie hemos hablado sobre la revelación especial de Dios. Sin embargo, uno todavía podría preguntarse cómo es posible obtener acceso a ella. O bien, luego de afirmar que en Jesús se llega al clímax de la revelación especial, ¿cómo podemos saber algo acerca de Él si nosotros no estuvimos allí para confirmar su venida, sus hechos, y sus dichos? La respuesta es gratificante: ¡Es aquí donde la Biblia entra en escena como objeto final de la revelación especial!

Los apóstoles fueron divinamente escogidos para registrar y explicar lo que Dios dijo e hizo a través de Jesucristo. Solo de este modo la gente recibió la revelación en los siglos posteriores. En efecto, debemos pensar que el único Cristo autentico es el que se nos presenta en la Biblia. Este entendimiento también nos lleva a descubrir que el clímax de la revelación especial podría describirse como el Cristo histórico encarnado y todo el testimonio bíblico acerca de Él.[1] No es posible, entonces, separar la revelación de Cristo de la revelación escrita en la Biblia: Dios habla por el Hijo, y el Hijo habla en la Biblia.

Aunque en la antigüedad Dios se ha revelado de forma especial a través de los profetas y las experiencias maravillosas que tuvieron al hablar de parte de Él, hoy, sin embargo, la revelación especial se encuentra en la Escritura; ya que en el tiempo presente Dios habló por medio del Hijo y la mención que los apóstoles sostuvieron sobre Él. Gracias a la revelación especial de Dios, no se depende de la ineficacia de la revelación general, pues solo la Biblia dice cómo se debe entender el testimonio de Dios en la naturaleza. La revelación general sola lleva a los hombres al paganismo y la idolatría (Rom. 1:25), o a volverse, como decía Calvino, “una fábrica de ídolos”. La Escritura, sin embargo, es la revelación más exacta y precisa de Dios. La revelación general revela la culpabilidad del hombre y le quita toda excusa. En cambio, la revelación especial de Dios puede salvar al hombre si este se acerca a Él en la persona de esa revelación: Jesucristo y el mensaje de la Biblia.

¿Estaba Dios interesado en una revelación escrita?

Cuando Jesús fue tentado por Satanás en el desierto, Él lo reprendió con las conocidas palabras: “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt. 4:4). Está demás decir que la Biblia es considerada por la iglesia como palabra de Dios, pues es bastante evidente. Sin embargo, muy poco se sabe acerca de lo que esto realmente significa y debería implicar para el creyente individual y toda la iglesia.

En primer lugar, no debe ser sorpresa el hecho de que Dios esté interesado en una revelación escrita, puesto que constantemente obró de esta forma en la antigüedad. Por ejemplo, cuando Dios entregó a Moisés los Diez Mandamientos, se lo dio plasmadas en dos tablas por el mismo dedo de Dios (Éx. 31:18). “Tanto las tablas como la escritura grabada en ellas eran obra de Dios” (Éx. 32:16; 34:1, 28).[2] Más tarde, se hizo otras adiciones a la revelación de forma escrita, pues Dios ordenó también a Isaías: “Anda, pues, delante de ellos, y grábalo en una tablilla. Escríbelo en un rollo de cuero, para que en los días venideros quede como un testimonio eterno” (Is. 30:8). También le dijo a Jeremías: “Escribe en un libro todas las palabras que te he dicho” (Jer. 30:2; 36:2-4; 27-31; 51:60). Y ya en el Nuevo Testamento, Pablo llega a decir que la Escritura que él escribe “es mandato del Señor” (1 Co. 14:37; 2 Ped. 3:2).[3] Y el mismo Jesús mandó que Juan escriba en un libro las cosas que había visto (Ap. 1:19).

Aunque la Escritura llegó a nuestras manos de las plumas de los autores humanos, la fuente originaria de la Escritura es Dios. Por eso es que los profetas podían anteponer a sus palabras este prefacio: “Así dijo el Señor”. Por eso es que Jesús pudo decir: “Tu palabra es verdad” (Juan 17:17), y “la Escritura no puede ser quebrantada” (Juan 10:35).

Ahora bien, si la Biblia es palabra divina, ¿cómo es que fueron escritas por hombres? La respuesta a esto es que, aunque fue escrita por hombres, fue inspirada por Dios y, por lo tanto, es inspirada, autoritaria, inerrante e infalible.


Notas:

[1] Stott, J. (2011). Identidad evangélica. (D. G. Fasani, Trad.) Buenos Aires, Argentina: Ediciones Certeza Unida., pág. 44.

[2] Grudem, W. (2007). Teología Sistemática: Una Introducción a la Doctrina Bíblica. (R. y. Juam Rojas Mayo, Ed., & J. L. Miguel Mesías, Trad.) Miami, Florida , EE.UU: Vida., pág. 49.

[3] Ibíd., pág. 50.

Director general del Ministerio G&V. Formado en teología y apologética, es escritor de temas relacionados a su enfoque ministerial. Además de servir en su iglesia local, se desempeña como conferencista y profesor de apologética asociado a «Fe Razonable» del Dr. Willian Lane Craig.

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