¿Es Dios un invento del hombre?

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Dios como proyección del hombre

Aunque los militantes ateos constantemente afirmen que Dios no existe, no pueden negar que existieron civilizaciones que rendían culto a alguna deidad. De hecho, muchas personas en la actualidad creen en Dios. En ese sentido, luego de que el ateo haya negado a Dios, necesita explicar el origen de la fe de algunas personas, además de explicar la procedencia de la idea de Dios. En otras palabras, si Dios no existe, ¿por qué existe la religión y la fe en deidades?

En cuanto a esto, muchos de los argumentos esgrimidos por gran parte del neo-ateísmo moderno es que Dios es meramente un invento humano, es una proyección psicológica de los deseos básicos, y un consuelo para personas que necesitan “creer en algo”; pero con una explicación débil a incógnitas universales.

El planteamiento escéptico y naturalista apunta a la hipótesis de que Dios es una proyección, el cual es producto de los temores e intrigas del hombre, o quizás el deseo de encontrar consuelo o satisfacción ante la realidad hostil del sufrimiento y la extinción. Básicamente, cuando el ateo afirma la inexistencia del ser supremo, se ve en la posición de buscar una explicación para lo que hoy se conoce como Dios, fe y religión.

Para sus exponentes, el hombre proyectó sus necesidades y deseos al cielo y llamó al resultado “Dios”. Esta idea fue mantenida por ateos famosos como el filósofo Ludwig Feuerbach (1804-1872), el comunista Karl Marx (1818-1883) y el padre del psicoanálisis Sigmund Freud (1856-1939). Por lo general, expresiones de esta teoría están basadas en las afirmaciones del famoso ateo alemán Friedrich Nietzsche (1844-1900), quien sostenía que Dios no creó al hombre, sino que el hombre, en su orgullo, creó a Dios a su imagen y semejanza. Además, tiene fundamento en el ateísmo materialista e ideales sociológicas.

Ludwig Feuerbach: Padre del ateísmo moderno

Sin duda alguna, unos de los grandes pioneros intelectuales del ateísmo contemporáneo es el filósofo alemán Ludwig Andreas Feuerbach, quien fue también antropólogo, biólogo y crítico de la religión. Sus influencias en los pensamientos acerca de la religión de Freud y Marx lo vuelven el crítico más serio de la fe cristiana y la religión en general. Es considerado el padre intelectual del humanismo ateo contemporáneo, también denominado ateísmo antropológico. Para él, la inmortalidad es una creación humana y constituye el germen básico de la antropología de la religión1. Su filosofía evidente se centra en la crítica a la religión, asumiendo que la labor de la filosofía es “objetar” a la religión en lugar de defenderla. Su crítica se formula de la siguiente manera:

“La religión es la reflexión, el reflejo de la esencia humana en sí misma. Dios es para el hombre el contenido de sus sensaciones e ideas más sublimes, es su libro genérico, en el cual escribe los nombres de sus seres más queridos”.2

La crítica de Feuerbach parte de un ateísmo materialista, el cual asume que el mundo natural es todo lo que existe. El hombre, el cual es un producto y especie biológica más del mundo, construye de manera fantasiosa de la idea de Dios3. Para Feuerbach, por tanto, no es Dios quien ha creado al hombre a su imagen, sino a la inversa: el hombre ha creado a Dios proyectando en él su imagen idealizada. El hombre atribuye a Dios sus cualidades y refleja en él sus deseos no realizados. Así, enajenándose, da origen a su divinidad. Dicho de otro modo, según este argumento, el hombre necesita de “algo más allá” y de un refugio emocional, porque vive en un mundo aterrador y hostil.

Ludwig Andreas Feuerbach

El hombre experimenta injusticias, su propia finitud y su inminente muerte, pero al mismo tiempo, él anhela la realización plena y consuelo ante esta realidad. De manera que estos deseos son externalizados a formando un ser, en este caso, Dios; quien hará realidad estos deseos en el más allá. En otras palabras, no existe la teología (estudio de Dios), sino la antropología (estudio del hombre y su cultura). La teología no habla de Dios, sino simplemente de los deseos del hombre.

El pensamiento de Feuerbach se desarrolla de la siguiente forma: “Mi primer pensamiento fue Dios, el segundo fue la razón y el tercero y último, el hombre4. En ese sentido, para Feuerbach, el hombre ha realizado el mismo camino: primero creó a Dios y más tarde entendió que su conocimiento no era nada más que un paso pequeño en el propio conocimiento del hombre. Con el tiempo las ideas de los dioses se irían eliminando y solo quedaría la realidad del hombre, así como lo real es el proyector y no la proyección.

La religión según la antropología

Desde la perspectiva de la antropología secular, tan lejos como se puede llegar a conocer, todas las sociedades han poseído creencias que pueden ser agrupadas y denominadas como “religión”5. Dichas creencias, por lo general, varían de una cultura a otra y de una época a otra, y siempre están enfocadas en lo “sobrenatural”. Respecto a esto, algunos sectores escépticos de la antropología consideran que las religiones se construyen dependiendo de lo que una sociedad considera natural y sobrenatural. Por ejemplo, dicen ellos, la tradición judeo-cristiana explicaban las inundaciones, terremotos, erupciones volcánicas y enfermedades a acciones de su deidad sobrenatural. No obstante, gracias al transcurso de las épocas, se sabe que simplemente son catástrofes naturales y efecto de virus y bacterias6. Por consiguiente, se deduce que los orígenes de las creencias religiosas están basados, también, en la ignorancia o la falta de explicación de los eventos hoy considerados naturales. Aparentemente, la mayoría sugiere que la universalidad de la religión es producto del hombre primitivo en respuesta a ciertas condiciones universales que inicialmente no supo explicar.

Antropólogo Edward Burnett Tylor

Uno de los primeros científicos en proponer una explicación para el origen de la religión fue Edward Tylor. En su opinión, la religión se originó como resultado de las especulaciones del individuo ante los sueños, los trances y la muerte. Otros pioneros sugieren que la religión se originó debido a una necesidad social. El sociólogo francés Émile Durkheim, por ejemplo, pensaba que la vida en sociedad hace que los seres humanos se sientan movidos por fuerzas sobrenaturales. Dichas fuerzas gobiernan sus comportamientos, hacen que se resistan ante lo que ellos consideran erróneo y los motivan hacia lo que consideran adecuado o correcto. Estas fuerzas son la opinión pública, las costumbres y las leyes y, debido a lo abstracto de esto, los humanos las consideran fuerzas misteriosas para acabar creyendo en los dioses y espíritus. Por tanto, para Durkheim, la religión surge debido a la experiencia de vivir en grupos sociales. De ese modo, es la sociedad conformada por los individuos es el verdadero objeto de culto7.

Posteriormente, Sigmund Freud, postuló que el origen de la religión se debió a la necesidad de satisfacción psicológica, por lo cual, esto se abordará posteriormente. Sin embargo, todas las teorías sobre la religión coinciden que su origen es producto de necesidades sociales o psicológicas explicadas naturalmente desde la antropología8. Esto es considerado como una explicación alterna que, aparentemente, pretende eliminar la realidad de una deidad. No es que Dios exista, sino que simplemente el hombre lo ha estado proyectando desde la antigüedad.

La religión como opio de los pueblos

Sin duda alguna, Karl Heinrich Marx fue uno de los pioneros más conocidos de la crítica a la religión. Él quiso mejorar la situación social de los obreros de su época, a pesar de que irónicamente él nunca fue un obrero, sino más bien todo lo contrario, un sólido burgués9.

Karl Marx

Su idea acerca del materialismo dialéctico se convirtió, para algunos, en una nueva religión secularizada. Marx criticó al cristianismo de su tiempo influenciado por la crítica atea materialista de Feuerbach y el método dialéctico de Hegel. De hecho, Marx escribió:

“… el hombre hace la religión, la religión no hace al hombre. (…) La religión es la queja de la criatura en pena, el sentimiento de un mundo sin corazón y el espíritu de un estado de cosas embrutecido. Es el opio del pueblo”.10

En ese sentido, sugiere Marx, conviene superar las circunstancias alienantes11 en las que surge la religión y mejorar la vida de los hombres mediante la revolución. Después de todo, cuanto más pobre es el hombre, cuanto más despojado está de bienes materiales, tanto más rico su Dios12.

Marx tomó las ideas de Feuerbach y las aplicó a causas sociales, las cuales daban origen y subsistencia a la religión. De manera que, según él, eliminar dichas causas alienantes haría desaparecer a la religión. El concepto de Marx es aplicado al mundo laboral, donde el obrero se alinea cuando su trabajo deja de pertenecerle, y cuando se vende a sí mismo para conseguir un sueldo humillante. Es como un trozo de carne pegado a una herramienta mecánica debido a las miserables condiciones laborales de sus industrias. En ese contexto, la religión se constituía como el triste consuelo de la clase oprimida13.

La famosa frase: “la religión es el opio del pueblo” revela el carácter social de la crítica atea de Marx aplicada a su deseo de revolución social. El sentido de la expresión era manifestar la similitud narcótica y el efecto sedante de la “fe”, que proveía una felicidad ilusoria y desenfoque de la verdadera necesidad. Para Marx, finalmente, la religión solo servía para persuadir a los individuos de que el orden actual de la sociedad era aceptable e irremediable y, por tanto, producía una santa resignación ante las injusticias14.

La religión como una inmadurez psicológica

Otro conocido discípulo de la crítica a la religión, es el padre del psicoanálisis Sigmund Freud, quien pensaba que los seres humanos regresaban a la religión en épocas de inseguridad; incluso a pesar de que no tenían una opinión positiva de la misma. También pensaba que los seres humanos debían erradicar la necesidad de religión en la sociedad. De hecho, otros teóricos con enfoques psicológicos como William James, Carl Jung, Erich Fromm y Abraham Maslow, han contemplado a la religión como una forma de mejorar la ansiedad. Es decir, aparentemente la fe es de carácter terapéutico15, por lo que conviene ser religioso si es que eso hace sentir bien.

Para muchos ateos prominentes, la religión surgía debido a una desorientación existencial producto de la ignorancia. Por esa razón existían los “hombres del rebaño”, según Nietzsche; “hombres alienados”, según Marx, y “hombres neuróticos”, según Freud16. La actitud crítica de Freud hacia la religión está expresada en unas frases próximas al final de su estudio sobre Leonardo Da Vinci:

“El psicoanálisis nos ha hecho conscientes de la íntima relación que hay entre el complejo del Padre y la creencia en Dios, y nos ha enseñado que, psicológicamente, el Dios personal no es otra cosa que un padre magnificado; nos muestra cada día como los jóvenes pueden perder su fe religiosa cuando se derrumba su autoridad paterna. Reconocemos así que la raíz de la necesidad religiosa reside en el complejo paternal”.17

De hecho, en las propias palabras de Freud, él se define como un “empedernido ateo” que está apasionadamente preocupado por el tema religioso, por lo cual, dedica varias de sus obras a este tema18. Para Freud, pues, la religión no es otra cosa que “procesos psicológicos proyectados en el mundo exterior”. Más específicamente, es la proyección de la relación psíquica del niño con su padre. Incluso el monoteísmo tiene tras sí el núcleo de la figura paterna porque el hombre puede proyectar más fácilmente hacia una deidad los sentimientos que naturalmente van dirigidos hacia el padre. Freud consideraba que la fe era una inmadurez, puesto que, si el hombre moderno empleara sólo su razón, y mediante ella condicionara sus emociones, podría superar aquel infantilismo religioso19.

Sigmund Freud

En conclusión, para Freud, la experiencia religiosa parte de una fantasía de omnipotencia, provocada por el deseo de inmortalidad, de absoluto, de trascendencia, ante la frustración y la angustia que la realidad crea. Este deseo interno se “proyecta” hacia afuera creando la religión, la cual es, en última instancia, una muletilla psicológica20.

El Neoateísmo y su repudio a la fe

El Nuevo Ateísmo también tiene su teoría escéptica que, además de explicar el origen de las creencias religiosas, también presentan críticas y explicaciones alternas a lo que se conoce como “fe”. Para el famoso ateo Richard Dawkins, por ejemplo, la fe significa “creer no solo sin evidencia alguna, sino a pesar de las evidencias21.

Para el ateo Richard Dawkins, la fe es ciega y una forma de enfermedad mental.

Según David Marshall, una de las doctrinas básicas del Nuevo Ateísmo señala que los cristianos tienen una debilidad (en la cabeza) debido a una mera fe que no se justifica por la razón. Por ejemplo, dicen ellos, el cristianismo, en particular, es adicto a la fe ciega, y Dawkins define dicha fe como una forma de “enfermedad mental22. Para el ateo Sam Harris, no existe argumento a favor de la fe más que creer que Dios existe porque simplemente “eso hace sentir bien”. El creer que Dios existe porque hace sentir bien no implica que objetivamente exista. Además, los que están destinados a sufrir de forma terrible o se hallan en el umbral de la muerte, suelen encontrar consuelo en una u otra propuesta sin fundamento. Por lo que la fe permite soportar adversidades, aunque al mismo tiempo, esto no dice nada acerca de su validez23.

Para el ateísmo actual, Dios no se divisa en el horizonte existencial, sino que más bien es un espejismo engañoso de las épocas primitivas e inmaduras. Así también, la fe es un espejismo que, al enajenar al hombre, le ha retrasado el proceso de maduración, desviando de lo que verdaderamente importa: ¡El hombre y sus ideales!24. Los ateos actuales no se conforman con contrarrestar a quienes creen en Dios, sino que su misión consiste en liberar a la sociedad de la religión25.

Respuestas:

¡Están fallando el blanco!

Es verdad que estos argumentos proporcionan una explicación alterna del por qué el ser humano tiene fe y es religioso. Sin embargo: ¿Estas afirmaciones eliminan a Dios de la ecuación? ¿Todas las religiones son un engaño? Quizás estas teorías, por lo máximo, podrían probar que algunas creencias religiosas son falsas y una ilusión. Pero, ¿son aplicables a toda forma de fe religiosa?

Parece ser que el hombre no es la única fuente de la cual Dios dependa como si este fuese solo su proyección. Los apologistas teístas han proporcionado explicaciones lógicas que poco y nada tienen que ver con el deseo, temor, e ignorancia; los cuales, según los exponentes de la proyección, da paso a la creencia religiosa. Por tanto, esta explicación no hace justicia ni responde a estos argumentos, sino que los saltea. En otras palabras, estos argumentos solo podrían tener sentido luego de que hayan probado la inexistencia de Dios. ¡Hasta ahora, la proyección solo podría ser verdad si Dios no existe!

La teoría de proyección sufre de una gran debilidad. Evidentemente su fin es sustituir la explicación que lleva a creer en la existencia de Dios, sin embargo, no logran acertar el blanco. Esto se debe a que el argumento sugiere de manera implícita que Dios, fe y religión, se explican genéricamente desde el hombre, a saber, como lo dijo el propio Marx: “Las pruebas de la existencia de Dios no pasan de ser ontológicas carentes de sentido26. Sin embargo, según diversos argumentos de teístas y quienes antes fueron ateos junto con sus declaraciones personales, esto no parece ser así. Muchas personas no se convierten a la religión porque buscan un “consolador celestial”, sino porque desean conocer la realidad y encontrar la verdad. No estaban preocupados necesariamente por “sentirse bien” creyendo en Dios, sino responder a las evidencias.

Por ejemplo, según el filósofo cristiano Richard Swinburne, el argumento cosmológico para la existencia de Dios parte de la evidente existencia de objetos finitos, como el universo físico complejo. Es decir, a partir de la existencia misma del universo, y no necesariamente de las expresiones internas del individuo, se puede deducir la existencia de Dios como primera causa del universo existente. El padre del racionalismo René Descartes decía que la existencia de Dios es más cierta que el más cierto de todos los teoremas geométricos27. Antony Flew, quien antes había sido ateo, afirmó que su conversión no se debió a ningún paradigma o experiencia mística, sino que meramente siguió el camino de las evidencias. Así lo aclaró Flew:

“¿Por qué creo ahora esto, después de haber expuesto y defendido el ateísmo durante más de medio sigo? La breve respuesta es la siguiente: Tal es la imagen del mundo que, en mi opinión, ha emergido de la ciencia moderna. La ciencia atisba tres dimensiones de la naturaleza que apuntan hacia Dios. La primera es el hecho de que la naturaleza obedece a leyes. La segunda es la dimensión de la vida, la existencia de seres organizados inteligentemente y guiados por propósitos, que surgieron de la materia. La tercera es la propia existencia de la naturaleza. Pero no solo la ciencia la que me ha guiado. También me ha ayudado la reconsideración de argumentos filosóficos clásicos”.28

Otra evidencia fría que la teoría de la proyección saltea, es el argumento a favor de la resurrección de Cristo. Debido a los hechos históricos evidentes, en las cuales la mayoría de los investigadores están de acuerdo, es posible concluir que la resurrección de Cristo es la mejor explicación a dichos eventos históricos. El erudito e investigador del tema Gary Habermas dice que, actualmente, los historiadores sostienen que es verdad que los discípulos de Cristo estaban convencidos de que habían visto a Jesús resucitado luego de su muerte publica29. Las evidencias históricas y experiencias de estos hombres incluyen: (1) conversión de los que alguna vez fueron incrédulos, (2) gran persistencia ante la tortura y el martirio, (3) una explosión de fortaleza y audacia que convirtió a pescadores temerosos en hábiles predicadores del testimonio de la resurrección y (4) la tumba está vacía. Por lo general, ninguna explicación alterna que pretenda excluir la resurrección de Cristo satisface la exigencia de una explicación suficiente. Los argumentos de la resurrección parece ser tan fuerte que incluso es aclamado por Antony Flew quien, sin necesariamente se cristiano, se siente intrigado por estas evidencias30.

¿Son todas las religiones falsas?

Los tres sociólogos más influyentes en el estudio de las religiones han sido: Marx, Durkheim y Weber. Ninguno de ellos era creyente y, además, los tres estaban convencidos de que la religión era una “ilusión” que pronto desaparecería. Uno de sus principales argumentos consistía en que las religiones eran falsas debido a que estaban repartidos por toda la tierra. Sin embargo, esta afirmación parece ser deficiente31. ¿Por qué el hecho de que haya muchas religiones implica que todas sean falsas? El apóstol Pablo mismo no buscó ocultar la realidad de la pluralidad religiosa en Romanos 1:21-25, donde afirma que “todos conocieron a Dios”, pero no lo glorificaron como tal, sino que debido a su falso razonamiento dieron cultos a deidades indebidas. Además, según estudios internos de cada religión, el cristianismo posee peculiaridades sobresalientes como son sus evidencias filosóficas, históricas y trascendencia teológica. Respecto a esto, el escritor y teólogo José Grau escribió:

“La existencia de tantas religiones se debe a los múltiples esfuerzos por alcanzar a Dios por medios meramente humanos. Y la existencia del cristianismo demuestra que Dios nos alcanza en su gracia y misericordia”.32

Aparentemente, la hipótesis de la proyección parece ser arbitraria en su conclusión acerca de la pluralidad religiosa. El hecho de que existan muchas religiones no necesariamente implica que todas son una ilusión, sino que sugiere, más bien, que entre ellas algunas no son verdaderas.

¡Estas objeciones no son aplicables al Cristianismo!

Como resultado del pensamiento de Feuerbach y Freud, se puede llegar a pensar que la creencia en Dios es un producto del hombre y sus deseos. El ateo Andrew Copson, en un intercambio con el filósofo cristiano William L. Craig (ver debate aquí), argumentó que la creencia en los dioses surgió debido a que culturas primitivas pre-científicas intentaron explicar ciertos fenómenos, ademas de que dichos dioses son muy parecidos a los hombres; por lo que factible pensar que son meras proyecciones del hombre. Además de esto, la creencia en Dios también parecen convenir a los deseos del hombre. Después de todo, es natural que el hombre temeroso y con complejos paternales proyectara un «padre celestial» que le promete «protección, bendiciones y vida eterna».

Sin embargo, esto no solo parte de una mala comprensión de la doctrina cristiana, sino que parte de una falacia genética. Una falacia genética es invalidar una creencia por su mera procedencia. Por ejemplo, es posible creer que la tierra es esférica leyéndola en un comic y no necesariamente en una revista científica. Por tanto, es posible que una creencia sea verdad sin importar cómo se haya originado.

Por otro lado, quizá los dioses paganos de culturas politeístas sean parecidos a los hombres y satisfagan deseos, pero este no es el caso con el Dios cristiano. Mientras Zeus parece lujurioso, Dionisio se emborrache, y otros amen las guerras o den la victoria a sus guerreros; el Dios cristiano parece muy distinto al hombre y no parece convenir con ninguno de sus deseos. El Dios bíblico se revela como juez justo que juzgará a quienes viven según sus pasiones y Jesús llamó a la abnegación personal para seguirlo aún si eso implicara perderlo todo, incluso la vida. ¿Cómo podría esto proceder del hombre y su deseo? ¡Parece ser todo lo contrario! Si del hombre dependiera, no crearía al Dios bíblico, sino que lo mataría! Cuando Nietzsche habló de que el hombre orgulloso creó a Dios a su imagen y semejanza, ¿a cuál dios se refería? ¡El Dios bíblico es muy distinto al hombre y diametralmente opuesto a su orgullo!

Según el filósofo y teólogo William L. Craig, la creencia en Dios es intelectualmente permisible y no se compara en nada a lo que el hombre podría inventar.

Quizás sea verdad que muchas religiones son una proyección y desertan de la razón. Pero esto, sin duda alguna, no es aplicable al cristianismo, ya que esta consta de evidencias y es amiga íntima de la razón. John Lennox sostiene que, quizás, los dioses ficticios y religiones politeístas pudieran ser enemigas de la razón, pero el Dios de la biblia, por su parte, no lo es. De hecho, la Biblia manifiesta que el primero de los diez mandamientos trata de “amar a Dios con toda la mente”. Si se parte de la realidad de Dios, después de todo, como Creador, es el responsable de la mente humana y ha dado a los hombres la capacidad de relacionarse con Él, además comprender el universo que le rodea.

Es difícil contemplar la historia y concluir que la fe es enemiga de la razón, ya que existen poderosas evidencias de que la visión bíblica del mundo tuvo mucho que ver con el avance meteórico de la ciencia en los siglos XVI y XVII. Respecto a esto, C. S. Lewis lo resume de la siguiente manera: “Los hombres se volvieron científicos porque esperaban leyes en la naturaleza, y lo hacían porque creían en un legislador”. De igual manera, el profesor de Ciencia y Religión de Oxford Peter Harrison entendió que el auge de la ciencia no se debió únicamente al teísmo en general, sino también a los principios particulares de interpretación bíblica de los primeros reformadores, el cual contribuyó de forma significativa al avance de la ciencia. Desde esta perspectiva, la propuesta de una supuesta enemistad entre el Dios cristiano y la razón, además de ser anticientífica, no encuentra cabida en la Escritura misma33.

¿Es el ateísmo un invento del hombre?

Las teorías de proyección, desde la perspectiva de Feuerbach, provee un buen aporte para observar la poderosa influencia que los deseos y las deficiencias humanas pueden tener en la percepción y experiencia de lo divino. Así, pues, él desveló las incongruencias de una religiosidad centrada en el hombre y sus experiencias. Por tanto, es verdad que muchas religiones y sus cultos son narcisistas y deifican sus prejuicios individuales34. Además, se puede argüir que el argumento de Feuerbach hace justicia a las religiosidades politeístas con sus guerras divinas, sus intrigas, inclinación a los impulsos sexuales entre otras expresiones del deseo humano.

Pero como se ha mencionado, el Dios bíblico, sin embargo, posee cualidades que el hombre, en su “deseo”, no querría proyectarlo. Las concepciones de Feuerbach no hacen justicia a los muchos rasgos de Dios que humanamente no convienen (por ejemplo, su enojo y juicio). Un dios a la imagen y semejanza del hombre probablemente tuviera rasgos muy diferentes al Dios bíblico. La revelación bíblica presenta a un Dios que va diametralmente opuesto a los deseos humanistas del hombre.

Para el filósofo y matemático de Oxford John Lennox, el cristianismo no es un cuento de hadas para quienes temen a la oscuridad; sino que el ateísmo es un cuento de hadas para quienes temen a la luz.

En ese sentido, por tanto, es posible decir que si del hombre dependiera, no crearía a Dios, ¡sino que lo mataría! ¿Por qué no decir que Dios sí existe, pero el ateísmo desea matarlo; ya que su “deseo” es no rendir cuentas a un Dios que posee atributos de justicia, ira y santidad, además de demandar renuncia a una vida arraigada a instintos “deseables”? Conviene al ateo escapar de la realidad de justificar sus acciones ante Dios luego de la muerte35. O bien, dicho de otro modo, la Teoría de la Proyección también se puede aplicar al propio Ateísmo. Así pues, también podemos argüir que el deseo ateo de la no-existencia de Dios crea la ilusión, de que el tal no existe. Es posible que una persona desee vivir la vida de acuerdo a sus propios antojos, y esto, a su vez, proyecta la no-existencia de Dios a su propia mente. Sin embargo, dada las evidencias externas al ser del hombre, es plausible afirmar que Dios existe sea que el hombre desee proyectarlo o no.

Notas:

  1. Savater, F. (2007). La vida eterna. Madrid, España: Ariel. Pág. 67.[]
  2. Feuerbach, 2019 http://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/filosofia/esencia/6.html.[]
  3. Cruz, A. (2001). Sociología: Un enfoque Cristiano. Barcelona, España: Clie. Pág. 380[]
  4. “Fragmentos de las características de mi currículum filosófico vitae en Collected Works X, Berlín, 1971, p. 178.” Extraído de https://es.wikipedia.org/wiki/Ludwig_Feuerbach#cite_note-4 (Traducción hecha del alemán por Jorge Espínola[]
  5. Definida como: “cualquier conjunto de actitudes, creencias y prácticas pertenecientes al poder sobrenatural, ya sean fuerzas, dioses, espíritus, fantasmas o demonios”. Extraído de: Ember, C., Ember, M., & Peregrine, P. (2004). Antropología (Décima ed.). (J. L. Posadas, Ed.) Madrid, España: Pearson Educacación S.A. Pág. 532[]
  6. Ember, Ember, & Peregrine, 2004, pág. 532.[]
  7. Ibíd., pág. 534.[]
  8. Ibíd., pág. 535[]
  9. Cruz, 2001, págs. 367-368.[]
  10. Marx & Engels, 1974:94.[]
  11. Alineación: del latín “alienus” el cual significa “sentirse otro o extraño”. Cruz, 2001, pág. 381.[]
  12. Ibíd., pág. 380[]
  13. Ibíd., págs. 380-382.[]
  14. Ibíd., pág. 394.[]
  15. Ember, Ember, & Peregrine, 2004, pág. 534.[]
  16. Cruz, 2001, pág. 431.[]
  17. Freud: Leonardo Da Vinci (1932), pág. 103. Extraído de Spinks, G. S. (1965). Introducción a la Psicología de la Religión. Buenos Aires, Argentina: Paidós. Pág. 111.[]
  18. Ávila, A. (2003). Para conocer la Psicología de la Religión. Navarra , España: Verbo Divino. Pág. 26.[]
  19. Spinks, 1965, págs. 112-114.[]
  20. Ávila, 2003, pág. 27.[]
  21. Marshall, D. (2011). La verdad detrás del Nuevo Ateísmo. (D. A. Carrodeguas, Trad.) Miami, Florida, EE.UU: Unilit. Pág. 10[]
  22. Ibíd., págs. 17-18.[]
  23. Harris, S. (2007). El fin de la fe. (E. Paradigma, Ed., & L. F. Díaz, Trad.) Madrid, España: Pradigma. Pág. 62-64.[]
  24. Alonso, A. M. (1972). Dios, ateísmo y fe. Salamanca, España: ediciones Sígueme. Pág. 122-123[]
  25. Miller, D. L. (2013). La Liberación del Mundo. (M. Peñaloza, Ed.) Texas, EE.UU: Jucum. Pág. 101.[]
  26. Monroy, J. A. (2008). ¿En qué creen los que no creen? Barcelona, España: Clie. Pág. 33[]
  27. Ibíd., pág. 33.[]
  28. Flew, A. (2013). Dios existe: Cómo cambió de opinión el ateo más famoso del mundo. Madrid: Trotta. Pág. 87[]
  29. Witherington III, B., Corduan , W., & Habermas, G. (2012). Evidencias de lo sobrenatural: Divinidad, milagros y Resurrección de Jesús. (A. Roop, Trad.) Barcelona, España: Andamio. Pág. 67-68[]
  30. Flew, 2013, págs. 166-167.[]
  31. Cruz, 2001, pág. 70.[]
  32. Grau, 1968:35 citado en Cruz, 2001, pág. 71.[]
  33. Lennox, J. C. (2016). Disparando Contra Dios. (L. V. Fernández, Trad.) Ulzama, España: Publicaciones Andamio. Pág. 37-42.[]
  34. Geisler, N. (2012). Feuerbach, Ludwig. En The Big Book of Christian Apologetics: An A to Z Guide. Grand Rapids: BakerBooks. Pág. 165.[]
  35. Ibíd., págs. 165-166.[]
Director general del Ministerio G&V. Formado en teología y apologética, es escritor de temas relacionados a su enfoque ministerial. Además de servir en su iglesia local, se desempeña como conferencista y profesor de apologética asociado a «Fe Razonable» del Dr. Willian Lane Craig.

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