LA REFORMA EN LAS MUJERES

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Hoy día es casi imposible no cuestionar el papel de la mujer en la sociedad, tanto positiva como negativamente. El sistema de pensamiento que hoy está sobre ella es el “empoderamiento”, y tratar de ir en contra de esta idea es, según sus propulsoras, ir en contra de ella misma; y equivaldría casi a dejar de ser mujer. 

Sin embargo, la mujer le debe desde siempre su dignidad y libertad al cristianismo. La Biblia promueve a la mujer como un ser único e irremplazable. Por supuesto, eso es irrelevante para la mujer feminista de hoy, porque da por sentado que la Biblia es misógina y altamente peligrosa para la sociedad.

Ahora bien, me pregunto: ¿sabrán las feministas de hoy día cómo empezó todo?

Hace poco conmemorábamos el 503 aniversario de la Reforma Protestante. La reforma no solamente fue crucial en cuestiones de religión, sino en todas las áreas de las libertades del ser humano, y por supuesto de la mujer. En la Edad Media, antes de la reforma protestante, la mujer era considerada un simple ente en la sociedad. Su papel se resumía en dar hijos y ocuparse de los quehaceres del hogar. Ellas no podían ejercer libertad económica, educativa ni civil. Los líderes de la iglesia católica romana enseñaban que la mujer no podía siquiera ejercitar algún otro papel en la sociedad que le permitiera destacarse por encima del varón. 

El Dr. Cesar Vidal, reconocido profesor de historia, habla acerca de la imagen deplorable que los mismos lideres creían y promovían en aquella época, relegando a la mujer a ser casi solo un objeto:

“Jerónimo que hizo una labor extraordinaria traduciendo la Biblia de las lenguas originales al latín, la famosa vulgata, dijo que no hay nada más impuro que una mujer con el periodo, que todo lo que toca lo convierte en impuro y por supuesto consideraba que la situación ideal del ser humano era vivir en la virginidad, a lo cual respondía algún cristiano de la época que eso llevaría a la extinción de la especie, lo cual dicho sea de paso parece bastante lógico. San Juan Crisóstomo, que posiblemente es el padre griego más importante, no crean ustedes que tenía una visión más positiva de la mujer. Por ejemplo, escribía que la mujer es una enemiga de la amistad, un castigo inevitable, un mal necesario, una tentación natural, una calamidad deseable, un peligro doméstico, un detrimento deleitoso, una naturaleza ruda pintada con bellos colores. En resumen, la imagen que los líderes religiosos tenían de la mujer era de un elemento atractivo y deleitoso, pero para mal”. 

Es importante destacar que las ideas que tenían en mente los católicos romanos eran ideas greco-romanas; ideas humanistas que estaban muy lejos la cosmovisión bíblica, y para nada eran coherentes con el concepto de Génesis 1:27

“Dios creó al hombre a imagen Suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”; un concepto de dignidad y preponderancia tanto para el hombre como para la mujer.

Cuando la reforma protestante empieza su revolución (año 1517), la Biblia es introducida en todos los ámbitos de la vida del ser humano y, por supuesto, eso también produjo un cambio vehemente en la vida de la mujer. Los paradigmas empiezan a sucumbir ante la Revelación de la Palabra de Dios. El estudio profundo y sincero de las sagradas escrituras empieza a originar todo tipo de cuestionamientos, produciendo cambios en todos los ámbitos de la humanidad; tanto que los mismos líderes de las iglesias protestantes empiezan a reencausar el papel de la mujer en el matrimonio, el sexo, el hogar, en la iglesia y por ende en la sociedad.

Gracias a la revolución bíblica en la Reforma Protestante, la mujer empieza a ser rescatada de un concepto misógino y peyorativo, otorgándole no solo el reconocimiento de su valor como creación de Dios, sino también un reconocimiento de su valor como un ser irremplazable y único, que posee capacidades esenciales en todos los ámbitos de sus roles. 

Las mujeres eran responsables del trabajo junto con sus esposos; estaban específicamente divididos y, por sobre todo, cabe destacar que trabajaban desde su hogar. Ellas cultivaban la tierra, creaban recursos de consumo para la familia como prendas de vestir y demás elementos del hogar. Sin embargo, su trabajo no era intrascendente ni menoscabado frente el trabajo del esposo, ni mucho menos relegado solo al trabajo de crianza de los hijos.

La Reforma Protestante posibilitó que la mujer de ser amada, valorada, respetada y dignificada. La iglesia de Cristo enseñaba según las ideas neotestamentarias a que a los maridos amen a sus esposas como Cristo a la Iglesia. 

El muy conocido pastor del siglo XIX, Charles Spurgeon, una vez dijo: “La Palabra de Dios es como un león, solo debes soltarla y se defenderá sola” y así fue, volver a las Escrituras y hacerla parte del fundamento individual y colectivo de cada ser humano, produjo la verdadera libertad en las siguientes épocas de la historia de la humanidad. Y aunque podría seguir exponiendo más datos para ayudarte a tener un mayor entendimiento del asunto, me detendré aquí, para pasar a reflexionar sobre esto…

Actualmente, vivimos en un tiempo donde el lugar menos valorado como escenario de la mujer es el hogar y el papel menos preponderante es la crianza de los hijos. El mundo y sus ideas rechazan a la mujer bíblica, a la mujer que ama su familia y su hogar, que pone como prioridad en su propósito en este mundo.

Mi deseo es que este escrito te ayude a considerar cuántas de las ideas del mundo estás adoptando y cuánto de las ideas bíblicas estas rechazando, tal vez sin siquiera percibirlo. 

¡Necesitamos una nueva reforma!, empezando por una en nuestros corazones, para que volvamos al modelo bíblico de cómo hacer una familia y, por ende, una sociedad. No desperdicies el diseño de Dios, la Biblia podrá darte más luz respecto a tu diseño divino y así podrás evitar que sigas engañada por las mentiras del diablo y del sistema del mundo. El apóstol Pablo nos advierte que: “…el dios de este mundo ha cegado el entendimiento de los incrédulos, para que no vean el resplandor del evangelio de la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios” (2 Corintios 4:4).

La reforma debe empezar con un corazón humilde, un corazón como el de María, que no tenía mucho entendimiento del macro del plan de Dios, y aun así ella dijo:  «Aquí tienes a la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra». (Lucas 1:38). 

Que la Gracia de Cristo abunde en nuestros corazones para que diariamente podamos decir como María y que volvamos a revolucionar la sociedad, pero esta vez desde nuestros hogares, poniendo como prioridad el amor por nuestras familias, siendo ayudas idóneas para nuestros esposos y criando a nuestros hijos con entrega, así como Cristo se entregó por Su Iglesia.

Redactora y expositora del Ministerio G&V para Mujeres en Verdad. Posee formación en teología y consejería. Casada con el pastor Federico Almada, con quien es madre de dos niños, mentora de líderes y consejera de mujeres en su iglesia local.

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