Las ideas tienen consecuencias

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El titulo de esta reflexión está inspirado en un libro del reconocido Dr. R. C. Sproul.

Conocí el concepto de esta frase estudiando la materia «cosmovisión» en mi facultad. La lección llevaba ese nombre precisamente por el libro del Dr. Sproul, y fue imposible olvidarme de su título y mucho menos olvidarme de todo el contenido de la lección. Esta enseñanza impactó mi vida y me gustaría compartirla contigo.

En la reflexión pasada estuvimos hablando sobre el corazón y hemos visto que el corazón es todo nuestro mundo interior. Según la Biblia, el corazón consta de tres partes: la mente, los afectos (las emociones) y la voluntad. Hoy hablaremos sobre la mente.

El corazón según la Biblia…

Cuando en la Biblia leés el término «corazón», es muy probable que haga referencia a tu mente; y esto incluye tus pensamientos, conciencia, creencias, entendimientos, juicios y discernimiento. Echá un vistazo a los siguientes versículos que esclarecen este punto:

“…entenderían con el corazón y se convertirían”. (Mateo 13:15)
“ A pesar de haber conocido a Dios… se les oscureció su insensato corazón”. (Romanos 1:21)
“¿Por qué estáis turbados y vienen a vuestro corazón esos pensamientos?”. (Mateo 24:38)
“…para que el amor brote de un corazón limpio, de una buena conciencia y una fe sincera”. (1 Timoteo 1:5)

La Biblia utiliza la palabra «corazón» para hablar de tu destreza para pensar, entender, dudar, razonar, discernir y recordar. Lo curioso de esto es que, en occidente, tenemos una manera muy diferente de relacionar corazón y mente. De hecho, normalmente nos referimos a la mente como algo fuera del corazón. Todas esas destrezas las encontramos como parte de la mente, pero no de todo el corazón. Pero, bíblicamente hablando, la mente solo es una de las tres áreas de operación del corazón o del «yo interior».

Mente, corazón y un poco de filosofía…

La mente tiene la función mas importante en el corazón, porque actúa como un guardián contra la ignorancia y el error. Específicamente, la mente se encarga de informar a los afectos (las emociones) sobre todas las cosas y asuntos de la vida. Además, entrena a la voluntad para escoger lo correcto de acuerdo a sus ideales. Recordá que tu mente incluye tus pensamientos, la conciencia, creencias, comprensión, memoria, juicios y el discernimiento.

Te estarás preguntando qué tiene que ver todo esto con el titulo de esta reflexión. Pues, tiene mucho que ver. Una “idea” es la representación mental de algo que puede estar relacionado con el mundo real o ser mera imaginación. La palabra idea proviene del griego “eidós” que significa “yo vi”. Tiene diferentes connotaciones y todo depende de cómo sea empleada. El término idea se puede utilizar como sinónimo de representación, imaginación, ilusión, pensamiento, conocimiento y otros.

En la filosofía es crucial tener pensamientos fundacionales. Un pensamiento fundacional se refiere a los primeros principios o verdades básicas. El Dr. Sproul dice al respecto:

“La mayoría de las ideas que dan forma a nuestras vidas son aceptadas (al menos inicialmente) de forma poco crítica. No creamos un mundo o un ambiente desde cero y luego vivimos en él. Mas bien entramos en un mundo y una cultura que ya existe, y aprendemos a interactuar en ella”. 

Todos tienen una cosmovisión…

Todos tenemos ideas, creencias, pensamientos y juicios acerca de la vida y del mundo en general y todo lo que hoy concebís acerca de las verdades de tu mundo están o se inician en tu mente. Y es a eso que llamamos cosmovisión. La cosmovisión es la manera de ver el mundo. Cosmo significa “mundo” y visión indica cómo contemplamos la vida. Esta palabra compuesta nos ayuda a entender cómo cada uno, consciente o inconscientemente, tiene una perspectiva de la vida. Cada ser humano piensa, razona, imagina, cree, discierne; por ende, todo eso hace que se contemple su manera de vivir.

El escritor Michael D. Palmer, en su libro Elements of a Christian Worldview [Elementos de una cosmovisión cristiana] nos dice: “Es un grupo de creencias y prácticas que definen la manera como una persona aborda los temas más importantes de la vida”. Y para quienes aprecien datos más precisos, el concepto cosmovisión fue introducida por Emmanuel Kant en su obra “Crítica de Juicio” (1790).

Las preguntas cruciales en toda cosmovisión son:
- Origen: ¿De dónde vengo?
- Propósito: ¿Para qué estoy acá?
- Moralidad: ¿Qué es bueno y qué es malo?
- Destino: ¿Para dónde voy?
- Identificación: ¿Quién soy?
- La última realidad: ¿Existe Dios? Y si existe.. ¿cómo es?
- Epistemología: ¿Qué es conocible y cómo conozco lo que conozco?

Ahora bien, todos tenemos ideas concebidas acerca de esas preguntas cruciales y la manera en cómo las hemos aprendido en nuestro entorno familiar, en nuestras escuelas, universidades, con nuestros amigos, en la iglesia, con los programas de televisión, con las películas, con la música, con nuestros amigos, etc. Ser conscientes de esta verdad nos ayuda a ser responsables sobre todo aquello que es consumido por nuestra mente, permitiendo hacer uso de nuestro discernimiento y poder diferenciar entre lo bueno y lo malo para nuestro mundo interior. ¡Y esto es bastante importante!

«La clase de alimento que nuestras mentes consuman determinará la clase de personas que llegaremos a ser.»

John Stott

Dios renueva nuestra mente y forja una cosmovisión…

El deseo de Dios es instruirnos en la verdad. El rol de tu mente, que ya ha sido iluminada por el Espíritu Santo y la Palabra de Dios, es corregir tu pensamiento cuando creés las mentiras acerca de la «felicidad» y cosas similares. En la carta a los Romanos, el apóstol Pablo fue bastante claro en su exhortación al decir: “Y no se adapten a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente, para que verifiquen cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno y aceptable y perfecto”. Es necesario que cumplamos el mandato diario de renovar nuestra manera de pensar y así poder hacer la voluntad de Dios. Recordemos que el mandamiento principal en la vida de un cristiano es “Amar a Dios con todo el corazón” y, eso por supuesto, esto incluye y comienza con la mente.

Dios diseñó la mente para guardarnos de la idolatría. La mente debe filtrar y juzgar cada pensamiento, sobre todo aquellos obstinados por la imaginación. El apóstol Pablo nos enseña en la carta a los Corintios que debemos destruir especulaciones y todo razonamiento altivo que se levanta contra el conocimiento de Dios, poniendo todo pensamiento en cautiverio en la obediencia de Cristo (2 Corintios 10:5). Tu mente, específicamente tu conciencia, es la guardiana de tu corazón y está para examinar cada pensamiento y desechar aquellos que se levantan en oposición al verdadero conocimiento de Dios. Cada pensamiento debe ser sometido a las Escrituras con el fin de santificarnos.

Te aliento que hagas un inventario en tu corazón y te hagas algunas preguntas que te ayuden a descubrir lo que hay en tu mente:

¿Qué creo de Dios?
¿Qué creo sobre la fuente de la verdadera felicidad?
¿Qué creo de mí mismo? Mis derechos, mis metas, mis deseos...
¿En qué estoy confiando?

Una vez que te animes a hacerlo, pedile a Dios que escudriñe tu corazón sin temor de que sean descubiertas mentiras, errores y pecados en tu forma de ver el mundo. Recordá que todos tenemos una cosmovisión de vida y es necesario ponernos a cuentas con nuestro buen Señor. Podrías empezar por meditar diariamente en la Palabra de Dios, que purificará nuestra mente y traerá el entendimiento verdadero acerca de todas las cosas. ¿Cómo sucede esto? Pues, eso ya es obra del Espíritu Santo.

Redactora y expositora del Ministerio G&V para Mujeres en Verdad. Posee formación en teología y consejería. Casada con el pastor Federico Almada, con quien es madre de dos niños, mentora de líderes y consejera de mujeres en su iglesia local.

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