¿Nací solo para ser ama de casa?

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En esta segunda parte de nuestra serie «Amas de casa» me gustaría hablar sobre un tema que muchas veces es visto como un área gris.

Somos mujeres del siglo XXI, educadas por el mundo y la sociedad para ser independientes; preparadas, luchar por defender nuestros conocimientos y capacidades, pero a la vez somos cristianas que leemos en la Biblia que debemos amar a nuestra familia, cuidar y dedicarnos al hogar. Con estas dos visiones pareciera que nos encontramos ante una controversia; una controversia constante, entre la espada y la pared, con 2 opciones: Prepararnos y salir a trabajar desarrollándonos como profesionales y ejerciendo los conocimientos adquiridos o dedicarnos al hogar, sirviendo y cuidado de nuestras familias.

Vemos divididas las ideas de desarrollarnos o ser hogareñas, como si capacitarnos solo sirviera para las empresas y estar en casa sea sinónimo de ser mujeres ignorantes, básicas en habilidades y con la única función de mantener en orden una casa.

Antes de continuar me gustaría aclarar unas cuantas cosas:

(1) Ni estudio ni el trabajo son un problema.

(2) Las mujeres somos muy capaces y dotadas (por Dios) de muchas habilidades para trabajar dentro y fuera de la casa.

(3) Las circunstancias de cada una pueden variar pero el  propósito y diseño de Dios es el mismo para todas las mujeres del  mundo.

De chica recuerdo que en la secundaria, cuando nos pedían describir las profesiones de nuestros padres, yo solía dejar en blanco el espacio que correspondía a mi mamá o simplemente contestaba «ella no trabaja, solo es ama de casa» con un sentimiento de inferioridad dentro.

Mi mamá se encontraba trabajando exitosamente y cursando la carrera de economía en la universidad nacional cuando quedó embarazada, y voluntariamente decidió dejar ambas cosas para dedicarse de pleno a la crianza de sus hijos. Recuerdo que en ese entonces mi papá había viajado en busca de mejores oportunidades económicas, que gracias a Dios consiguió, y mientras se encontraba fuera proveyendo recursos, mi mamá se encargó de levantar nuestro hogar. Ella personalmente contrató a las personas que construyeron nuestra casa, compraba cada material de construcción verificando la calidad y controlaba la labor de los trabajadores. Además, era una gran maestra. Mis hermanos, yo y nuestros compañeros de curso nos reuníamos diariamente en casa para que ella nos enseñara y ayudara con las tareas. Conocía todas las materias y las matemáticas nunca fueron un problema para nosotros. Ella utilizó sus conocimientos, su preparación profesional y todos sus dones para edificar su hogar.

Teniendo todo esto en mente no puedo evitar pensar en algunos versículos (y todo el capítulo) de Proverbios 31, estandarte y meta de toda mujer cristiana:

¿Quién podrá encontrar una esposa virtuosa y capaz? Es más preciosa que los rubíes.
Su marido puede confiar en ella, y ella le enriquecerá en gran manera la vida. 
Ella es fuerte y llena de energía y es muy trabajadora.
Se asegura de que sus negocios tengan ganancias; su lámpara está encendida hasta altas horas de la noche.
Cuando llega el invierno, no teme por su familia, porque todos tienen ropas abrigadas.
Está vestida de fortaleza y dignidad, y se ríe sin temor al futuro.
Está atenta a todo lo que ocurre en su hogar, y no sufre las consecuencias de la pereza.
Sus hijos se levantan y la bendicen.
Su marido la alaba: «Hay muchas mujeres virtuosas y capaces en el mundo, ¡pero tú las superas a todas!».

Viendo estos ejemplos creo que debemos dejar de cuestionarnos sobre si nos es permitido trabajar fuera de casa siendo esposa y madre (o una de ellas). Tampoco debemos preocuparnos y pensar si es pecado si decido no dedicarme solo al hogar. ¡Dios no nos limita, sino que nos capacita, nos provee y nos llama a cumplir con nuestro diseño!

Mateo 6:21 dice: «Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón». Pienso que de esto se trata el cuestionamiento real que debemos hacernos:

¿Dónde está nuestro corazón con respecto al diseño de Dios para nosotras?

¿Está nuestro corazón anclado en nuestro hogar o divagante por las ideas culturales?

¿Qué es lo que nos motiva a querer conquistar el mundo antes de conquistar nuestras familias y hogares?

¿Ponemos como excusa la decisión de ser amas de casa para no estudiar, emprender y capacitarnos?

¿Qué conocimientos y preparaciones tenemos para ofrecer a nuestras familias, a nuestros hijos y a la organización de nuestro hogar?

¿Dimensionamos el poder que tenemos de edificar o destruir nuestra casa?

Redactora del Ministerio G&V para Mujeres en Verdad. Casada con Iván Ruby, líder de alabanza de su iglesia local. Actualmente sirve en el discipulado de chicas y ministerio de jóvenes en la misma iglesia.

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