Dios se revela de forma natural y especial

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En el capítulo anterior habíamos hablado sobre la Revelación de Dios y la importancia que tiene para que Él pueda ser conocido por la raza humana. Sin embargo, hemos dejado abierta la pregunta sobre cómo lo ha hecho. Si Dios se ha revelado a la raza humana, ¿cómo lo hizo? Pues, según las Escrituras lo hizo de dos formas: Natural y Especial.

Revelación Natural

A través de todas las edades y culturas, la humanidad siempre insistió en que debe existir algo más que el mundo físico visible. Incluso, han visto evidencia de esto cuando solo observan el orden de la naturaleza y la ética moral que sienten en su interior. El Salmista habló de esto al decir: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia las obra de sus manos” (Sal. 19:1).[1] Según el salmista, el solo hecho de mirar los cielos hace notar la presencia de un Dios Creador. Y las señales de Dios no solo se encuentran allá afuera, sino en el interior del hombre: Eclesiastés 3:11 dice que Dios creó todo de forma hermosa y “sembró eternidad en el corazón humano…”. Esto significa que Dios se ha revelado tanto fuera como dentro del ser humano, y nadie está excluido de esta revelación, puesto que es “natural” o innato; y es “general”, porque incluye a todos los hombres. Pablo habla de esto de forma clara:

“… porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de Él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido.” (Romanos 1:19-21)

El consejo general de la Biblia sostiene que toda persona en todas partes puede conocer a Dios de forma general, ya sea en un sentido interno cuando distingue lo bueno y lo malo; o externo cuando observan la creación natural a su alrededor. Este conocimiento de Dios es universal y saca la excusa a toda persona. Debido a la revelación general, por lo tanto, todos conocen a Dios y no tienen excusas ante Él. Incluso aunque no conozcan la Biblia misma.

Ahora bien, es importante enfatizar que la revelación general de Dios no solo es evidente en el mundo físico o en la naturaleza, sino que, como hemos dicho, también se observa en la naturaleza humana misma, en su interior. Es ahí donde Dios también revela su carácter moral. El apóstol Pablo dice que hay “una ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos” (Ro. 2.15).[2] El famoso reformador Juan Calvino habló de esto bajo el nombre “sensus divinitatis” o “sentido de la divinidad”. Según el reformador, “existe dentro de la mente humana, y de hecho por instinto natural, una conciencia de la divinidad… Un sentido de divinidad que nunca puede borrarse, está grabado en las mentes de los hombres”.[3] Esto significa que el hombre “sabe” que Dios existe de forma básica[4] y no necesita que alguien le convenza.

Está claro, pues, que la revelación general de Dios es tan evidente que solo un necio podría persistir en negarlo. Quizás por eso el salmista decía: “Dice el necio en su corazón: No hay Dios” (14:1).

Revelación especial

Como hemos visto anteriormente, Dios se ha revelado de forma general en la naturaleza [exterior] y en la conciencia humana misma [su interior]. Esta revelación es clara y evidente de modo que nadie puede decir que Dios no ha dejado evidencia suficiente de sí. Pero si esto es así, ¿por qué muchos han negado a Dios o han creado ídolos falsos para adorar?

“Todavía hoy Dios da testimonio de sí mismo por medio de la creación y la conciencia. La racionalidad, la complejidad y la belleza del mundo, por un lado, y nuestro sentido del bien y del mal, del deber y del fracaso, por el otro, nos hablan de Dios. Sin embargo, la tragedia es que hemos suprimido esta verdad a fin de seguir recorriendo nuestro camino egocéntrico. En consecuencia, somos culpables y no tenemos ninguna excusa (Romanos 1.20; 2.1).”[5]

Para comprender mejor esto debemos recordar que, como hemos dicho, el hombre no puede conocer a Dios debido a factores tanto naturales como espirituales. Aparentemente, la revelación natural solo ha penetrado las barreras naturales del ser humano, pero no las barreras espirituales. Es decir, aunque Dios se revele de forma general en la naturaleza y la conciencia, aun así, esta revelación es suprimida por la humanidad debido a su estado caído. En Romanos 1:19-21 Pablo nos había dicho que Dios se reveló claramente mediante su “creación”, pero el hombre pecador, en vez de glorificarlo a Él, prefirió razonar equivocadamente rindiendo culto a las “criaturas” antes que al Creador:

“Es cierto, ellos conocieron a Dios, pero no quisieron adorarlo como Dios ni darle gracias. En cambio, comenzaron a inventar ideas necias sobre Dios. Como resultado, la mente les quedó en oscuridad y confusión. Afirmaban ser sabios, pero se convirtieron en completos necios. Y, en lugar de adorar al Dios inmortal y glorioso, rindieron culto a ídolos que ellos mismos se hicieron con forma de simples mortales, de aves, de animales de cuatro patas y reptiles.” (Romanos 1:21-23, NTV)

Es por esto que la revelación natural no basta para establecer un pleno conocimiento divino que posibilite la salvación del hombre y un conocimiento íntimo del Creador, puesto que todavía hay un amplio abismo que separa al hombre de Dios. Para un pleno entendimiento de la voluntad, salvación y gloria de Dios, es necesaria otra forma de revelación, y es aquí donde entra en escena la llamada “revelación especial”.

Dios se ha revelado de forma especial a lo largo de toda la historia bíblica. Y el punto culminante de esta forma de revelación es la persona de su Hijo Jesucristo. Únicamente esta revelación es capaz de penetrar toda barrera que impida conocer a Dios. De hecho, la fe cristiana afirma que Jesucristo es la máxima revelación de Dios,[6] y es Su voluntad ser conocido a través del Hijo, para que quienes se acerquen a Él, puedan tener vida eterna y salvarse de la condenación. De manera que, entendemos así, que la forma más perfecta y especial en la que Dios se reveló al hombre fue a través de la encarnación del Hijo; con razón muchos teólogos han dicho que “el modo culminante de la revelación en toda la Escritura… es la persona de Jesucristo”. De modo que cuando Cristo actuaba, era Dios actuando; y cuando Cristo hablaba, era Dios mismo hablando,[7] ¡en carne y hueso!

La revelación especial de Dios también se ha dado de manera progresiva.[8] Es decir, a lo largo de las páginas de la Biblia es posible notar que Dios se ha estado revelado progresivamente para, finalmente, llegar al clímax de su revelación, que es la encarnación de su Hijo. Como dice Hebreos 1:1-3, “en estos días finales nos ha hablado por medio de su Hijo”, quien es descrito como el agente de la creación, el sustentador, heredero del universo, el esplendor de la gloria de Dios y la imagen exacta de lo que Él es.[9] El pastor y teólogo John MacArthur resalta el valor de la revelación especial así:

“La revelación especial continúa donde la naturaleza y la conciencia terminan. La revelación especial nos dice todo lo que necesitamos saber acerca de Dios, en especial aquellas verdades que no se habían podido entender antes, como la misericordia de Dios, el misterio de su gracia, cómo puede ser perdonado el pecado, y muchas otras. Nos cuenta acerca del sacrificio de Cristo, la salvación y la iglesia.”[10]

John MacArthur

Notas:

[1] L. Gonzáles, J., & Maldonado Pérez, Z. (2003). Introducción a la Teología Cristiana. Nashville, Tennessee, EE.UU.: Abigdon Press., pág. 30.

[2] Ibíd.

[3] Instituciones 1.3.1, 3, extraído de Lane Craig & Moreland, 2018, págs. 175-176.

[4] Ibíd., pág. 176.

[5] Stott, J. (2011). Identidad evangélica. (D. G. Fasani, Trad.) Buenos Aires, Argentina: Ediciones Certeza Unida., pág. 42.

[6] L. Gonzáles & Maldonado Pérez , 2003, pág. 34.

[7] Cottrell, J. (2013). La Fe Una Vez Dada. (D. O´Shee , & D. Meade , Trads.) EE.UU: RED., pág. 51.

[8] MacArthur, J. (2003). Cómo obtener lo máximo de la palabra de Dios. (J. A. Bernal, Trad.) Grand Rapids, Michigan, EE.UU.: Portavoz., pág. 22.

[9] Stott, 2011, pág. 43.

[10] MacArthur, 2003, pág. 22.

Director general del Ministerio G&V. Formado en teología y apologética, es escritor de temas relacionados a su enfoque ministerial. Además de servir en su iglesia local, se desempeña como conferencista y profesor de apologética asociado a «Fe Razonable» del Dr. Willian Lane Craig.

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