Rutina para Cuidar el Corazón

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Si estas leyendo esto y sos mujer (joven o no) de seguro ya escuchaste o leíste sobre la última tendencia en cuidados del rostro y el cuerpo: el exitoso skin care. Actualmente, cualquier producto que tenga grabada esa frase es doblemente valorado. Incluso yo, que no soy muy amiga de los cosméticos, en estos días me encontré investigando bastante sobre las cremas y técnicas que podría usar en mi rostro y sus beneficios.

Es importante aclarar que nada de esto está mal. Por el contrario, debemos cuidarnos en todos los sentidos; pero también debemos reconocer que perseguimos las tendencias de cuidados porque nos gusta vernos bien e intentamos retrasar el envejecimiento y la edad (aunque esto sea imposible).

Ahora bien, como todas afuera están persiguiendo el rostro perfecto mediante las técnicas de skin care, nosotras, como mujeres cristianas, buscaremos, además de eso, perseguir con afán el heart care (cuidado del corazón); y para eso veremos bíblicamente los pasos básicos que conllevan su cuidado.

Visita a un especialista…

Como no fuimos las creadoras de nuestro cuerpo, muchas veces no entendemos lo que nos sucede y no sabemos cómo tratar nuestros pecados y debilidades. Para conseguir una rutina que se adecue a cada una de nosotras, lo recomendable es, primeramente, consultar con un especialista: Y el mejor especialista en corazones es Dios, nuestro Creador.

"Examíname, oh Señor, y pruébame; escudriña mi mente y mi corazón". 
(Salmos 26:2)

Visita el consultorio de tu creador, y recuerda que tenemos acceso libre al trono de la gracia para hallar misericordia, perdón y restauración (Heb. 4:16).

Desmaquillá…

Este es, quizás, uno de los pasos más complicados pero importante en la rutina diaria: retirar el maquillaje. Despojarse de las apariencias y descubrir el corazón tal cual es, para poder recibir los productos que lo limpien, nutran y cambien; conlleva trabajo, decisión y mucha humildad. La sinceridad de aceptar nuestras debilidades e incapacidades para entregárselas a Dios puede comenzar un importante cambio en nosotras. De hecho, de otra manera hubiese sido imposible lograrlo.

Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí.
Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí.
(Salmos 51:2-3, 10)

Limpiá…

Para este paso hay un solo producto que es a la vez el más efectivo, está escrito como una receta permanente e irrevocable:

"¿Con qué limpiara el joven su camino? Con obedecer la palabra de Dios".
(Salmos 119:9)

Busca y aplica la palabra de Dios cada día al levantarte y antes de acostarte; y los resultados comenzarán a revelarse en corto tiempo.

Exfoliá…

Para remover las impurezas y renovar la vitalidad del corazón necesitamos exfoliarlo cada cierto tiempo. Esto implica analizar nuestros caminos, ser sinceras en reconocer cuánto del mundo aún vive en nosotras, qué y quienes nos influencian, remover aquello que no viene de Dios y perseguir su buena voluntad.

"No se adapten a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente, para que verifiquen cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto".
(Romanos 12:2)

Tonificá e hidratá…

Luego de una limpieza profunda, el de ir desarraigando nuestra pasada manera de vivir, debemos también reemplazar esas costumbres, conocimientos y gustos por aquellos que preparan y nutren nuestra alma para crecer en santificación.

"Por esta razón, añadid a vuestra fe, virtud, y a la virtud conocimiento, al conocimiento, dominio propio, al dominio propio, perseverancia, y a la perseverancia piedad".
(2 Pedro 1:15)

Protegé…

Aplicando cada día los pasos de esta rutina y sumándole una gran dosis de la gracia de Dios apartaremos nuestro corazón de los agentes que dañan nuestro caminar en el Señor y avanzaremos confiados en Su voluntad.

"Por sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque de él mana la vida".
(Proverbios 4:23)

Mi consejo y anhelo (y sobre todo el del Señor) es que sobre toda rutina y cuidado prioricemos lo único que realmente será eterno, lo que a pesar de los años puede ir floreciendo y vitalizándose aún más: nuestra alma y corazón.

Redactora del Ministerio G&V para Mujeres en Verdad. Casada con Iván Ruby, líder de alabanza de su iglesia local. Actualmente sirve en el discipulado de chicas y ministerio de jóvenes en la misma iglesia.

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