¿Se ha revelado Dios?

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Todo estudio teológico presupone que Dios se ha revelado para que sea posible estudiarlo. Un conocido pastor señaló que mientras las religiones son la respuesta de la humanidad hacia esa figura llamada «Dios», la teología es el estudio de la revelación de ese Dios. Por ejemplo, la Biblia es la fuente primaria del estudio del único Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. Sin embargo, la Biblia misma pierde su relevancia e importancia a menos que se la reconozca como “la revelación de Dios”, pues en la Escritura misma se afirma que Dios se está revelando mediante el mensaje de sus páginas. Por lo tanto, una de las mejores formas de comenzar por nuestro estudio sobre Dios, el cristianismo y la Biblia es saber qué es esta revelación y cómo debemos entender que Dios se ha revelado.

La humanidad entera se encuentra atrapada en el planeta tierra con todas sus limitaciones. Está sujeta al tiempo, al espacio, y rodeado de cosas que aún no ha descubierto y, posiblemente, nunca lo haga debido a sus limitaciones.[1] Por esta razón es que suena bastante pretencioso hablar de algún “conocimiento o estudio de Dios” como si fuera posible que seres finitos como los hombres pudieran conocer al Dios infinito. En la Biblia, por ejemplo, se ve que Job fue amonestado sobre este tema cuando se le dijo: “¿Descubrirás tú los secretos de Dios? ¿Llegarás tú a la perfección del Todopoderoso? Es más alta que los cielos; ¿qué harás? Es más profunda que el Seol; ¿cómo lo conocerás?” (Job 11:7-8).[2] Esta realidad arroja como resultado una especie de agnosticismo o la imposibilidad de conocer al Dios infinito.

Teniendo en mente esto, surgen las siguientes interrogantes: ¿Cómo se puede saber que Dios existe? ¿En qué se basa la fe de los creyentes? ¿Cómo entonces se lo puede conocer? A esto, es importante mencionar que se sabe de Dios, no debido a la capacidad o iniciativa del hombre para conocerlo, pues sabemos que es limitado; sino que es posible conocerlo porque fue Dios mismo quien se ha revelado al hombre por iniciativa propia. Como dicen algunos eruditos: “No podemos ver a Dios con nuestros ojos, pero podemos conocerlo por medio de la revelación”.[3]

De hecho, la palabra “revelación” deriva del latín revelatio, que significa develar o quitar el velo; y describe la acción mediante el cual algo que estaba oculto tras un velo es develado y, por consiguiente, es descubierto y conocido.[4] Es más, según el termino griego para revelación (apokalupsis), se podría entender que Dios se ha manifestado o revelado a la raza humana. Este grandioso hecho hace posible conocer a Dios y, en efecto, que exista tal cosa como la teología cristiana,[5] la cual presume conocer a Dios para poder estudiarlo mediante los indicios que estuvo dejando durante el transcurso de la historia.

¿Es importante este estudio acerca de la revelación? Pues, no solo es importante, sino que es imprescindible, porque nos llevará a dar la preponderancia debida a la Biblia. El grado de importancia de la revelación radica en que si Él no se hubiera revelado al hombre, este sería incapaz de conocerlo debido a dos factores. El primero, y como se ha mencionado anteriormente, tiene que ver con sus limitaciones naturales. Y lo segundo, también tiene que ver con sus limitaciones, aunque espirituales. En otras palabras, su naturaleza pecaminosa. Recordemos que el hombre está muerto en sus pecados y, por lo tanto, está separado de Dios (Ef. 2). El teólogo y autor anglicano John Stott resume ambos factores de la siguiente manera:

“Dado que Dios es nuestro creador, infinito en esencia, mientras que nosotros somos criaturas finitas sujetas al tiempo y al espacio, se impone ante nuestra razón que somos incapaces de descubrirlo mediante nuestras investigaciones y nuestros recursos. Él está muy por encima de nosotros. Y desde que él es Dios totalmente santo, mientras que nosotros somos seres caídos, pecadores y bajo juico, existe un abismo entre él y nosotros que nunca podremos cruzar por nuestros propios medios. Siendo tanto finitos como caídos, no podemos alcanzarlo.”[6]

Esta magnífica verdad no está oculta en la Biblia, sino que es enfatizada en muchas ocasiones. Por ejemplo, en 1 Corintios 1:19-21 leemos que Dios no puede ser conocido mediante “sabiduría humana”, por lo que no existe sabio, erudito o filósofo que pueda hallarlo fuera del medio que Él ha establecido para hacerlo. Así también, en 1 Corintios 2:7-10 entendemos que Dios decidió revelarse bajo sus propios medios, y fue Su Espíritu quien lo ha hecho, porque solo Él conoce las profundidades de su propia divinidad.[7]

Estas verdades arrojan consigo una ventaja y una desventaja: La ventaja de este hecho es que es posible conocer a Dios solo en el formato que Él ha decido revelarse. Y este conocimiento, que yace en la revelación, es suyo y proviene de Él mismo, y no del hombre y su opinión subjetiva.[8] Y la desventaja es que no siempre se ha puesto el énfasis adecuado a su revelación. Es decir, aunque Dios se ha revelado de diversas formas como veremos a continuación, Él prefiere ser conocido específicamente a través de una sola forma. Por tanto, a medida que desarrollemos nuestra serie sobre «La Revelación de Dios», se responderá la cuestión: “¿Cómo se ha revelado Dios al hombre?”.


Notas

[1] MacArthur, J. (2003). Cómo obtener lo máximo de la palabra de Dios. (J. A. Bernal, Trad.) Grand Rapids, Michigan, EE.UU.: Portavoz., pág. 11.

[2] Cottrell, J. (2013). La Fe Una Vez Dada. (D. O´Shee , & D. Meade , Trads.) EE.UU: RED., pág. 47.

[3] Sproul, R. C. (2015). Todos Somos Teólogos: Una Introducción a la Teología Sistemática. (M. Hispano, Trad.) El Paso, Texas, Estados Unidos : Mundo Hispno., pág. 24.

[4] Stott, J. (2011). Identidad evangélica. (D. G. Fasani, Trad.) Buenos Aires, Argentina: Ediciones Certeza Unida., págs. 39-40.

[5] Enns, P. (2010). Compendio Portavoz de Teología. (D. A. Pachón, Trad.) Grand Rapids, Michigan , EE.UU.: Portavoz., pág. 146.

[6] Stott, 2011, págs. 39-40.

[7] Ibíd., pág. 40-41.

[8] L. Gonzáles, J., & Maldonado Pérez, Z. (2003). Introducción a la Teología Cristiana. Nashville, Tennessee, EE.UU.: Abigdon Press., pág. 29.

Director general del Ministerio G&V. Formado en teología y apologética, es escritor de temas relacionados a su enfoque ministerial. Además de servir en su iglesia local, se desempeña como conferencista y profesor de apologética asociado a «Fe Razonable» del Dr. Willian Lane Craig.

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