Ser ama de casa: ¿Una bendición o un castigo?

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La semana pasada leí en la introducción de un libro llamado «Hogar bajo su Gracia» un párrafo que me llamó la atención:

Dicen por allí que la vida de una mujer que es ama de casa es muy sencilla, con tiempo para ver telenovelas, salir a tomar café con amigas, gozar de tiempo extra para la recreación, sin muchas obligaciones. Y aunque en ocasiones todo lo anterior puede ser cierto, esa no es la meta diaria, ni tampoco es toda la realidad.

Karla de Fernández, Hogar bajo su Gracia

Con esta referencia me gustaría comenzar una pequeña serie donde aprenderemos y analizaremos juntas las ideas que fuimos formando acerca de esta profesión muchas veces calificada como inferior y poco anhelada: ser «Ama de casa».

Sea que hayas llevado una vida de iglesia o hayas conocido el cristianismo siendo una joven- adulta, de seguro chocaste con enseñanzas que asocian a la mujer con el cuidado del hogar, el matrimonio, los hijos, el respeto al esposo, etc. Y te entendería si dijeses que tus primeros pensamientos al respecto fueron «¿eso es todo lo que hay para nosotras? ¿Tengo que renunciar a mis conocimientos, mi carrera y a la vida de comodidades que eso puede darme? ¿Estoy faltando a mi diseño o pecando si decido trabajar fuera de casa? ¿Fui creada solamente para lavar platos, cocinar y atender a los que viven conmigo?».

A veces asumimos que el mundo y sus ideas están muy lejos de nosotras (cristianas), pero la verdad es que justamente la influencia que dejamos que el mundo tenga sobre cada una es lo que hace que nada de esto nos suene atractivo y mucho menos con propósito o trascendencia eterna. Sin embargo, a la luz de la verdad mediante el conocimiento de la Palabra de Dios, podemos aceptar, abrazar y disfrutar del diseño que el Señor especialmente preparó para nosotras. ¿Y cuál es ese diseño?

Al comienzo de la Biblia, específicamente en Génesis 2:18, encontramos el propósito de nuestra creación:

 “Entonces el SEÑOR Dios dijo: «No es bueno que el hombre esté solo; le haré una ayuda adecuada».”

Desde el principio, en el corazón de Dios fuimos creadas para ser ayudadoras (Ezer) y podemos notar que, en el Edén, donde el pecado no tenía lugar, ya estábamos cumpliendo con  el propósito de ayudar, servir, ¡y estaba perfecto para nosotras!

Cuando un capítulo más adelante el pecado entró al mundo, nuestro propósito fue dañado, aunque no cambiado, es decir, nuestro diseño siguió y sigue siendo el mismo.

En Tito 2:5 leemos la recomendación que Pablo hace a mujeres maduras para con las más jóvenes:

"…y aconsejar a las jóvenes a amar a sus esposos y a sus hijos, a ser sensatas y puras, cuidadosas del hogar, bondadosas y sumisas a sus esposos, para que no se hable mal de la palabra de Dios."

Estamos llamadas a vivir este versículo y esa son las tareas principales  de una ama de casa:

  • Amar a nuestros esposos
  • Amar a nuestros hijos
  • Ser puras y cuidadosas de nuestro hogar

Pero ninguna de estas tareas, por más que la palabra amor suene linda, la podremos cumplir si la principal motivación no está escrita y fija en nuestras intenciones (en nuestra cocina y en toda la casa). Después de todo, a idea es glorificar a Dios con lo que hacemos.

Allí podremos encontrar la diferencia entre cocinar una vez más, lavar otra vez los cubiertos que se multiplican con cada pestañeo, desinfectar varias veces toda la casa o servir al Dios de la creación y encontrar la recompensa suficiente allí.

Antes de seguir tomate un tiempo para reflexionar y escribir

¿Cuáles es tu postura sobre esta profesión?

¿Crees que podes ser más útil y eficiente trabajando fuera de casa que dentro de ella?

¿Qué pensamientos llegan a tu mente al imaginarte dedicándote 100% al trabajo en el hogar?

Y sobre todo ¿Cuáles son las raíces de esos pensamientos y motivaciones?

Redactora del Ministerio G&V para Mujeres en Verdad. Casada con Iván Ruby, líder de alabanza de su iglesia local. Actualmente sirve en el discipulado de chicas y ministerio de jóvenes en la misma iglesia.

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